martes, 22 de octubre de 2013

El Chik

El chick es como se conoce vulgarmente en Kinshasa. A lo largo y ancho de la pediatría, en la época seca, crece este pequeño parásito muy molesto para el pié.
Realmente su nombre es Tunga Penetrans,


La tungiasis es una enfermedad parasitaria cutánea. Se adquiere por contacto directo de la piel con el parásito adulto, generalmente en suelos arenosos y húmedos. Aparentemente la enfermedad es originaria del continente americano y desde allí se extendió en el siglo XIX debido a tripulaciones infectadas de los barcos. Hoy día es endémica en Centro y Sudamérica, África tropical, costa oeste de India, Pakistán e islas Seychelles. Afecta exclusivamente a la piel.
La causa es una pulga llamada Tunga penetrans o “pulga de la arena” o “nigua”. El adulto mide 1mm, tiene un color rojizo amarronado y vaga libremente por terrenos arenosos o por el barro. Los machos mueren al poco de la fecundación y las hembras necesitan completar el ciclo en un huésped. Cuando consiguen adherirse a la piel del huésped, la cabeza penetra en la epidermis rompiendo la queratina por mecanismos que todavía no están bien aclarados. Se aloja entre la epidermis y la dermis, se alimenta de sangre de los pequeños vasos dérmicos y crece siempre con la misma orientación: la cabeza en la dermis y la cola hacia el exterior para respirar y eliminar los huevos. La pulga crece hasta 1 cm a expensas del abdomen, sobre todo por el gran tamaño que alcanzan sus ovarios llenos. Una vez los huevos están maduros y en número 100 ó 150 (lo que ocurre más o menos al cabo de 2 semanas), se eliminan todos los huevos y el adulto muere eliminándose poco a poco. Posteriormente se reepiteliza el cráter. Los huevos en el exterior se rompen y sale una larva que, tras formar un capullo, da lugar a un adulto en unas 3 ó 4 semanas. 
La afectación es sólo cutánea y la lesión inicial es una pápula eritematosa no pruriginosa de pequeño tamaño. Cuando la pulga crece, se transforma en un nódulo eritematoso, pruriginoso con un centro negro (lesión en ojo de buey), que puede llegar a impedir el caminar. Es muy frecuente que haya una infección bacteriana secundaria y que el cuadro se presente como un absceso cutáneo. Ocasionalmente puede ser causa de celulitis con o sin pústulas, diseminación subcutánea, erisipela y linfangitis. La presentación más frecuente con diferencia es en los pies, sobre todo en tobillos, dorso y espacios interdigitales. También son frecuentes en área plantar, especialmente en niños. Otras localizaciones menos habituales son áreas glúteas, periné y genitales, sobre todo en niños por su hábito de permanecer sentados en el suelo.
Las lesiones son tan características que normalmente no se confunden al verlas, y más cuando se trata de alguien que vive en área endémica o que ha viajado allí en las últimas semanas.
Consiste en la extracción del parásito con una aguja estéril tras la desinfección tópica de la piel. La intervención no suele ser problemática. En caso de sobreinfección bacteriana puede ser necesario utilizar antibioterapia y drenaje del material purulento(1).



Muchas veces en África encontramos otro tipo de medicina. Los textos aconsejan usar una aguja estéril, sin embargo he podido comprobar que los enfermeros sobre el terreno no son partidarios de utilizar este utensilio. Prefieren afilar un pequeño palito, lo más que pueden, pero sin llegar a ser una aguja. Y es que la técnica que ellos manejan incluye un punto importante. No pinchar el abdomen que contiene los huevos, extraerlo entero, y después quemar el parásito entero. 
Se trata de enfermería tropical, y los enfermeros locales siempre tienen experiencia con estas patologías, llevan realizando las técnicas mucho tiempo, atrévete a apender y aprehender de ellos, y mejoralo, y crecéis juntos. Quizás no sea malo usar un palito si después lo desinfectas bien. O quizás conoces un utensilo que podamos usar, que sea afilado, lo justo para no perforar fácilmente un tejido tan débil como el cuerpo de este parásito. Comenta, comenta lo que ves.



Tungapenetrans2_proyectoceo_congo





(1) Dr. Eduardo Malmierca Cuadrado. Servicio de Medicina Interna- Enfermedades Infecciosas, Hospital del Norte, Madrid. Disponible en  http://www.vacunasyviajes.es/vacunasyviajes/Tunga_Atlas.html

domingo, 21 de julio de 2013

Fin de la primera parte

Lo bueno de Casa Patrick es que puedes ver la esencia de los niños. La inocencia que conduce sencillamente a cuidar del hermano. Hoy me decía Andrea que tengo muchas fotos de la Casa. Es verdad. Me maravilla ver a niños con retrasos mentales cuidando de los menos capaces a nivel físico. Empujan las sillas hasta el baño para que hagan pis. Los recogen del suelo si se caen, los alimentan. Es increíble que nosotros tengamos a aquellos que padecen Síndrome Dawn en centros especiales, aquí son especiales porque cuidan de los que no tienen fuerzas para hacer rodar su silla de ruedas sobre la arena. En verdad puede ser una Casa dura, pero tiene un encanto especial que no alcanzo a describir.

(Desayuno en la Casa)

(Actividades en la casa)

Volvemos con la maleta llena de proyectos. Hemos hablado mucho con los coordinadores italianos y tenemos un rumbo que podemos seguir a partir de ahora. Lo cual, me hace profundamente feliz. Comentaba alguien que aquí hay mucho trabajo por hacer, pero a nuestro regreso comienza otro trabajo; quizás más silencioso, pero vital para que aquí las ideas puedan florecer como material tangible que haga la vida más feliz a toda la pediatría.

(Preparados para la comida en el pabellón Neonatologia)

(Huerto de la Casa)

El traspaso está hecho y la vida continúa. Otro voluntarios vendrán (ya tenemos algún candidato en España), otros trabajadores... y mientras el Padre Hugo seguirá aquí entregando su vida por este pueblo. Me pareció curioso la familia que vino el otro día a entregar un poco de comida para el almacén. La mamá me miró a los ojos, y sonriendo me dijo, gracias por el trabajo que hacéis por nuestro pueblo.

(Visita de la mision de Naciones Unidas en RDCongo)

Aunque la vida diaria en África es difícil, es verdad que los africanos demuestran una jovialidad sorprenderte, una alegría que nosotros pocas veces comprendemos. Quizás sea porque su vida se basa más en la relaciones sociales, en el trato humano, que en el consumo de objetos. Pero este comportamiento no evita el sufrimiento que causa el dolor por la muerte de los seres queridos, por las enfermedades y el hambre, por las penurias y la miseria […].
Los africanos no son pobres, como si la pobreza hubiera bajado del cielo: se les ha empobrecido, privándoles de capital natural y de sus rentas, robándoles su ganado, exportando a sus hombres con capacidad productiva, pagando precios de miseria por su trabajo, ofreciendo precios de hambre por sus productos. Si le robamos a una familia todo lo que tiene y se le deja en la indigencia, si después su trabajo se remunera con ingresos que no alcanzan para subsistir, no hace falta realizar muchos informes para saber dónde está el origen de los problemas de esta familiai.

Estamos en deuda, ahora nos toca trabajar. Y contamos con amigos para hacerlo realidad, es lo que más me alegra. Gracias a todos. Los que habéis leído, difundido, los que habéis mandado e-mails preguntando dudas, mensajes de ánimo, consejos, a los que habéis resuelto nuestras dudas... GRACIAS A TODOS DE CORAZÓN. Este el principio de un nuevo sueño... no dejéis de estar ahí. Se os quiere.
Punto y seguido.










-En breve comenzaremos, gracias a la ayuda de algunos amigos, una nueva página Web con todos los proyecto y la información de Kimbondo en Español. 

iA. Santamaría, Desarrollo y subdesarrollo en África. Incluido en África en el Horizonte, Los libros Catarata, 2006. pp 159-162

viernes, 19 de julio de 2013

Al microscopio

Lo bueno de llegar es que es preciso saber partir. Estamos preparando la salida, por eso trabajamos con los enfermeros para poder hacer despacito el traspaso de todos los pacientes que hemos seguido estos días. Silvi ya sabe preparar las fórmulas de nutrición y cada día se mantiene ocupada cuidando de los malnutridos y estudiando los manuales. Papá Maloba ha cogido gran maestría en el arte de las curas. Hemos dado algunas clases y parece que ya comprende para que sirve cada cosa. El desinfectante... Los parches... Las gasas... Estos momentos de "enseñanza" son otras de las grandes alegrías que me llevo en la mochila. Son momentos compartidos. Ellos aprenden un poco de lo poquísimo que yo sé, y yo aprendo "un mucho" de la medicina tropical que ellos conocen al dedillo. ¿Os acordáis del chick?, técnicamente se llama Tunga Penetras (por fin hemos dado con el nombre) y no hay más solución que extriparlos como se pueda. Los manuales hablan de la asepsia, aquí se hace con un palito afilado... Así que la solución que se nos ocurrió no valía, porque no era para ese bicho.
Hoy he pasado un buen rato mirando al microscopio y descubriendo el plasmodium. Ha merecido la pena.



(Los niños y la tele...ay!)

(Sala de rayos X)

(Aprendiendo sobre la Malaria)

(Los miércoles... Sensibilización!!)

domingo, 14 de julio de 2013

Bonito trabajo

Lo bueno de la espiritualidad africana es que no tienen pudor en cantar. Los domingos la misa es una fiesta. Viene gente de fuera, y participa toda la pediatría. Desde Casa Patrick hasta los mayores, que son los que forman un pequeño coro y animan al resto a elevar cánticos. Me gusta y me llama la atención la forma de celebrar. Cantan, pero también bailan y siguen la música al ritmo desde que son bien pequeños. Por no hablar de los niños de 5 años que tocan el tan-tan, así de simple, como si fuera innato. Llevan el ritmo en el interior. El trabajo de los monaguillos aquí no se reduce a acompañar y ayudar, si no que además deben bailar acompasadamente. Es una delicia ver 7 pequeños danzando alrededor del altar acompañando al Padre que preside la ceremonia. Mientras, puedes ver a una madre dando de mamar a su pequeño. O a un padre que reza profundamente, absorto... quizás pida por su hijo.

La música de los entierros pone la piel de gallina... cantan para que el hermano que se ha marchado sea bienvenido en el cielo. Escuchar las voces roncas y bajas de los hombres, acompañando las agudas de las mujeres, aunque sean aficionados, es una auténtica experiencia para los sentidos. Y es que la vida sin música en Congo no es posible. Allá donde hay gente trabajando encontraremos un pequeño transistor con un cable por antena que sintoniza ritmos verdaderamente asombrosos. Las niñas y mujeres portan el agua en la cabeza, y algunas veces, puedes oír el sonido de la música que les acompaña gracias a los móviles que llevan. Música. Hoy me decía un alemán, que qué van a hacer sin luz... cantar para pasar el tiempo.

Otras muchas cosas hacen. Charlan, reciclan y arreglan todo lo que otros tiran (quizás debiéramos o estamos aprendiendo a la fuerza el arte de reparar lo que ya no sirve), inventan cosas como juguetes... Un vida rica, en la que la escasez de recursos, pone a prueba el ingenio.

Mientras, Hugo nos sigue contando historias apasionantes, curiosas, y las más de las veces, increíbles de Congo y Camerún. Como es domingo no hay mucho movimiento en el hospital, sólo aquellos que ya habían comenzado el tratamiento antipalúdico y deben continuarlo, o aquellos que llegan un poco más graves. Tranquilidad que te permite charlar con los pacientes ingresados en el pabellón de la tuberculosis y VIH. No sé si hablé de ellos, pero son de los pocos adultos, junto con la cardiología, que encontramos en la pediatría. El trabajo, la donaciones y el dinero que llega de Italia permiten que estos pacientes reciban los tratamientos antirretroviales. Y que las tuberculosis agudas sean tratadas. Gente que tiene poco para pagar la sanidad, y a los que además de tratamiento de cuando en vez les damos compañía, provocamos una risas y con todo ello les damos algo tan sencillo como cariño, y a veces unas pastillas de jabón para que se aseen. Muchas veces, muchas, en Kimbondo lo único que tienes que hacer es dar tu cariño. Hacen falta médicos y enfermeros, pero también gente con besos que repartir para todos aquellos que están viviendo la infancia en un orfanato y hospital. Igual que hacen los payasos en los hospitales de nuestro país. Repartir sonrisas y besos. No tienes que hacer otra cosa que dar cariño y amor a grandes y pequeños. Incluso a esos que te parecen que son grandes (12-14 años), pero que cuando los miras y les abres tu corazón te das cuenta de que no son más que niños que demandan tan solo un abrazo. Un poco de caso. Cariño y amor. Es, sin duda, el trabajo más bonito del mundo.
(Cathy disfrutando del sol)



sábado, 13 de julio de 2013

Tierra y solidaridad


Lo bueno de estar en África es que todo sorprende, desde que aterrizas y un mes después. Dice el Padre que 30 años después él no deja de asombrarse con algunas cosas (oh mamá nangai!!). Lo único es que ya empiezas a estar preparado para cuando se te va la luz mientras te duchas. Aún así, olvidas apagar los interruptores y a media noche, cuando la señal vuelve, te despiertas extrañado pensando que alguien ha entrado en la habitación.
Escuchar a gente con experiencia es extraordinario. Hay algunos que han compartido su vida con los más necesitados del continente negro y pueden explicarte (y corroborar) aquello que has leído en algún buen libro (recomendación: África en el horizonte. Introducción a la realidad socioeconómica del África Subsahariana. Ed. Libros de la catarata, 2006). Hace unos días hablábamos de la llegada del blanco y de sus formas de vida a esta tierra. Hoy el Padre nos explicaba como la tierra y la familia de la tribu eran lo importante. La propiedad pertenecía al grupo, y era el jefe quien te donaba una parte para que la trabajaras. Y la cultivabas para el sostenimiento de todos. Unos se dedicaban a un cultivo, otros a la ganadería... y gracias a la red solidaria todos tenían lo suficiente para vivir (que no sobrevivir). Existía variedad de cultivos, se acomodaban a la llegada de nuevos productos y los utilizaban... Con la llegada del interés occidental, preocupado en mantener la economía propia, comenzaron las producciones intensivas. Expropiaron tierras (arrancándoles parte de la esencia de unidad, porque durante años habían habitado y cuidado esas tierras, incluso estaban enterrados sus ancestros), se redujo la variedad de la producción agrícola a cambio de un mísero salario (que permite que nuestras exportaciones sean rentables) condenando a la población a la pobreza y a la supervivencia. Este cambio se produjo a nivel económico, pero también social. No digo que los matrimonios de conveniencia fueran buenos, pero permitía la continuidad del grupo. Era una familia la que se casa con otra, por eso decidían los mayores. Hoy emigran a las ciudades buscando un vergel que está agotado, o que es sólo para unos pocos, y los núcleos familiares se rompen, alejándose de lo que siempre han sido. Sembramos un caos curioso. Aún así, se siguen adaptando, y existe un mercado muy distinto al nuestro (y a la vez adaptado las leyes comerciales internacionales) y una red de solidaria que permiten la vida diaria. No olvidemos que se trata de una parte del mundo con una riqueza cultural, social y económica que tienes miles de años. Aunque nosotros sólo conozcamos someramente las costumbres egipcias en derredor del Nilo.
(Trabajando sin luz...)

Soni ha comenzado un nuevo tratamiento para la infección de la cadera, y se ha puesto en marcha la maquinaria para llevarle hacia la cirugía definitiva; que será lo que le ayude a volver a su vida normal. Seguimos trabajando codo con codo con los profesionales del hospital para mejorar la atención al paciente. Y es curioso, porque la llegada de ciertos voluntarios, sabia fresca, te ayuda a cargar pilas. No lo habría imaginado. Digo que seguimos apoyando la formación de todo el personal, y esperamos que ello permita mejorar el número de decesos de la Fundación. Para la malaria, de toda la vida, aquí han bebido el extracto de una planta de la que desconozco el nombre. Hoy tenemos quinina. 
(Esperando para cantar a los recién llegados) 

Quizás deberíamos conseguir mezclar ambas costumbres, la tradición y la tecnología. Como cuando compras una tierra y el estado congolés te da los papeles del catastro. Si no consigues que el jefe cotumier (el jefe de la aldea) te dé su permiso y acepte que trabajes la tierra... aquí no podrás hacer nada. Una mezcla, una adaptación que debes conocer y respetar si quieres vivir aquí. ¿Se imaginan a todo un pueblo preocupado por el sostenimiento y buen futuro de la tierra, de su tierra, pero que es de todos?
(Llegada de una donación)

(Cerveza a la luz de la linterna)

miércoles, 10 de julio de 2013

Conociendo Quinta

Lo bueno de viajar es que nunca sabes lo que te vas a encontrar. Hoy nos hemos desplazado a Quinta, el ranchito del Padre Hugo. Se trata de un proyecto de la cooperación italiana que pretende generar ingresos que sostengan la pediatría. Son un taco de hectáreas donde cultivan principalmente mandioca (base de la alimentación congoleña) con la que luego se fabrica el fu fu, la chikuanga y otra comida que no recuerdo. Viene a ser nuestro pan que acompaña todas las comidas. Además también cultivan piña, bananas, tienen algunas cabezas de ganado... Sirve también como instrumento para formar a algunos mayores de la pediatría y que aprendan un oficio. Aunque para esto todavía queda un poco (la primera promoción está ahora mismo en su primera misión en el ranchito).
(1 promoción de alumnos con P.Hugo)

El viaje, como siempre, increíble. Una carretera sembrada de camiones en reparación o directamente abandonados en la cuneta. 100 y pico km de bastante buena carretera (contaba Hugo que con la guerra todo quedó destruido y que desde hace unos pocos años pueden volver a cruzar el puente que voló el ejercito en su repliegue hacia la capital), 30 km de pista de arena, pero de la del desierto. He aprendido que para no quedarse bloqueado es necesario mover rápidamente el volante de izquierda a derecha. De esta forma parece que se abre el camino en la tierra y evitas dejar el 4x4 tirado... En total 4 horas de viaje de ida (aquí las distancias conviene medirlas en tiempo y no en kilómetros como hacemos nosotros) hacia el interno, hacia el corazón de Congo.
(Río que pasa por la finca)

(Secando la mandioca)

A la vuelta nos acompañó uno de los trabajadores, que después de todo el año currando, regresaba a Kinshasa para unas merecidas vacaciones en compañía de su familia e hijos. 3 me decía Guillén que tiene, y según afirma no tendrá más porque luego sale caro mantenerlos. Raro, porque la media que he podido hacer groso modo, supera los 5. Y lógicamente lo justifican... ¿qué pasa luego si alguno se me muere?... Debo tener muchos. -me decía el enfermero Edo, que de momento sólo tiene 2-.

Ver amanecer en la sabana congoleña (bastante distinta de la del Rey León), entre tanto matorral y algún baobab, merece la pena. Aunque creo que con la perspectiva elevada que te da un camión, debe ser aún mejor. Y así los ves viajar a ellos. Algunos sobre la carga de un Iveco repleto de carbón. Otros encima de una furgoneta de producción china. Donde haya espacio para aposentar el trasero, allá puede viajar un pasajero. Algunas veces es realmente exagerado. Toda la carga de piedras y 15 adultos sobre ella.

(En Quinta, todo solar)

Como decía, la sabana tropical es distinta y densa. Mucho matorral. Mucho. La solución que han encontrado es aprovechar esta estación seca en la que estamos para realizar quemas selectivas. Por un lado es una forma de poda natural (cuando lleguen las lluvias todo volverá a crecer con fuerza). Por otro les sirve de instrumento de caza, cuando lo usan en grupos coordinados, son capaces de ahuyentar a los animales convirtiéndolos en presas más fáciles que coger en la extensísima sabana en la que se mueven. Y es que aquí el fuego está muy presente. A falta de corriente es el utensilio para cocinar. Les calienta en las frías noches que estamos padeciendo (para ciudadanos con el cuerpo acostumbrado al abrasador calor del trópico, 20 grados, es mucho frío). Es además la manera de deshacerse de las basuras que generan. En la pediatría encontramos a diario pequeños incendios controlados que sirven para eliminar todos los desechos que producimos. El fuego y el carbón son por tanto grandes compañeros de la rutina diaria de cualquier congoleño. Con el peligro que muchas veces puede suponer. Aquí, no es raro recibir pequeños con quemaduras. O ver adultos con grandes marcas de guerra que se hicieron cuando era niños traviesos como lo hemos sido todos. A veces, sólo a veces, se les va de las manos y se genera un gran incendio incontrolable. Digo incontrolable porque se hace difícil extinguir las llamas en esa frondosa vegetación que os he contado; y que a partir de ahora y hasta octubre, cada vez estará más seca.
Feliz Ramadán.

(Preparando la mandioca)

(Plantación de piña)


martes, 9 de julio de 2013

La llegada del Chik

Lo bueno de los amigos del Padre Hugo en Kinshasa es que cuando se acuerdan de él es para traerle comida. Y eso redunda en todo el convento (como nos llama). Todos hemos disfrutado de la carne argentina que nos trajeron el sábado y hemos dado buena cuenta de la cerveza que la acompañaba. El resto de los días nuestra dieta es básicamente de hidratos de carbono. Pan, pasta, arroz,... A veces carne, y a veces verduras. Las frutas (que no sean plátanos) son una exquisitez. Pero no falta comida en el convento, y Hugo se encarga de que así sea.
(Parrillada argentina)

La situación de Cathy mejora por momentos, las actividades al aire libre con sus compañeros la estimulan y podemos ver como sigue con apetito y da buena cuenta del poto poto. De las curas no puedo decir lo mismo. Van muy lentas, extremadamente lentas. No sé si es por vergüenza, Victor (el co-director congolés) dice que no sabe muy bien por que es, por leyendas, supersticiones... pero cuando aparecen las heridas a nuestros ojos, realmente están avanzadas. Eso provoca que la cicatrización sea, como no, más complicada. Hoy hemos descubierto a un chaval, ya mayor, con otra herida vascular bastante impresionante, infectada... Un auténtico reto para todos como enfermeros. Esperemos ser capaces de reconducirla. Le hemos recordado la necesidad de que coma suficiente proteína, lo que no sabemos es si nos hará mucho caso. Hace poco, afortunadamente, un gran amigo me envió un recordatorio del tratamiento de úlceras. Que gran ayuda... ya me tienen por las noches repasando el temario.

(Tratamiento ambulatorio malaria)

Está apareciendo el chik, una larva de la mosca del mango, según me dicen, que produce bastante dolor. Esta larva que cae del árbol y se queda en la tierra hasta encontrar el pie o la parte de piel que tenga descubierto el niño y allí crece. Por lo que me cuentan aquí, se alimenta de la sangre de la dermis necrosando la zona afecta. Por eso, si pasa mucho tiempo, acaba desapareciendo el dolor, pero deja un rastro de piel muerta que puede llegar a ser muy grande. Para evitar todo este proceso los extraen con palos finos y afilados, y lo hacen así de toda la vida, pero de toda la vida también las infecciones por usar esta técnica son incalculables. Se hacen auténticos agujeros llenos de tierra y microbios, que os podéis imaginar que no acaban muy bien. Hemos encontrado una posible terapia alternativa, que si funciona, o lo haremos saber. Pero se aceptan comentarios y sugerencias.


Un dato curioso. Cuando exploraba a los niños me di cuenta de que los más pequeños llevaban anudado a la cintura un pequeño cordel (bastante guarro). Después comprobé que las niñas también lo portaban. Indagando un poco, y gracias a mi pésimo francés, creo que sirve para comprobar si el pequeño va cogiendo peso. Es una forma rústica de verificar que los niños y las niñas van creciendo como deben. Cultura ancestral, para mí, eficaz cien por cien.

(Trabajando con Juan Bautista en Casa Patrick)

domingo, 7 de julio de 2013

Agua y jabón

Lo bueno de los sábados en la pediatría es que son tranquilos. No hay mucha gente y podemos encontrar momentos de silencio. Un silencio roto por el pequeño coro que ensaya para la gran misa del domingo. Esta manera de acompañar el sonido del viento contra el bambú es de lo más agradable que podemos encontrar en Kimbondo. Aún así, los niños siguen gritando, pidiendo que les cojas en brazos, y siguen demandando atención. Seguimos, por ejemplo, con las curas. Soní es un chaval (y ya padre) que viajó a Italia para colocarle una prótesis de cadera. Se le ha infectado. Lleva dos meses exudando un líquido purulento y hemos probado de todo. Ha estado con tratamiento oral de antibiótico, curas, etc, pero no termina de solucionarse la cosa. Parece que la única alternativa es que vuela al hospital italiano para una limpieza quirúrgica. Os podéis imaginar el lío y el coste que esto supone. Sin contar lo que viajar a Europa puede suponer para estos chavales que sólo conocen Congo. Aquí, todos los que le conocen de tiempo dicen que llevarle a Europa le ha convertido en un joven consentido, caprichoso y manipulador. No lo sé, pero está claro que una experiencia como esa para un inmaduro puede tener algunos costes que ninguno prevemos y que notamos con el paso del tiempo.



Congo, como otras partes de África, podría describirlo como la España de la postguerra (aunque no conocí esta época, claro está). Calles sin asfaltar, gente por todos lados sin nada que hacer, cortes de luz y de agua continuos (allá donde llega el agua, claro está. Nosotros la bombeamos desde el río que hay montaña abajo), extraperlo y precios prohibitivos de todo aquello que viene el exterior. Es curioso, si en Europa compras algo, ya de por si es más barato que aquí. Pero si a esto le sumamos la desgravación del IVA porque es un producto para la exportación, la diferencia es abismal. Lo único que tienes que hacer es saltarte la entrada, basta con no declararlo en la aduana congolesa. Si no lo haces, la tasa impositiva es tan alta que ya no merecía la pena tu compra en Europa. Eso es lo que me dicen los italianos que hacen. Se desgravan allí y aquí puentean al Estado. Es curioso las diferentes estrategias que desarrollamos para conseguir que lleguen más cosas a la pediatría. Justificando los medios por el fin justo de los niños de la pediatría.


Hoy se ha marchado una señora que posiblemente financie un gran proyecto para renovar parcialmente el hospital. Espero que pueda llevarlo a cabo, y que mi preocupación haya calado bien en esta gran mujer. Para mí, el principal problema de la pediatría como hospital, tiene un tratamiento relativamente poco costoso. Me decían cuando aprendí sobre cosas de agua y saneamiento que el tratamiento que reduciría más muertes en África es bastante simple, agua y jabón. Lavado de manos. Lo mismo le he pedido yo a Silvia, que el nuevo proyecto tenga en consideración la limpieza. Ya lo dijo Nightingale, basta con ser limpios, separar un poco a los pacientes... de esta manera reduciríamos considerablemente el número de defunciones de nuestro hospital congoles. ¿parece sencillo? Es un proyecto que me apetece muchísimo, y espero que entre todos podamos levantar un pequeño hospital en condiciones. Limpio, aseado y con las condiciones mínimas para poder atender en a nuestros pacientes. Mientras escribo resuena la música de los ángeles congoleses...


jueves, 4 de julio de 2013

El Lazarillo del Congo

Lo bueno de esta vida es que hay gente pa' to. Hay voluntarios que llegan a Kimbondo que no saben muy bien en donde aterrizan, así que los pobres 24 horas después tienen que salir escopetados. Los hay que vienen a hacer su trabajo, y no se les puede pedir más. Los hay que se entregan y trabajan en todo aquello que se les pide y estar a su lado es una maravilla. A todos se les acoge por igual en la pediatría. Me admitieron a mí, imagínense.

Hoy tengo el placer de recordar a Sonya, la niña que llegó prácticamente muerta a la sala intensiva. Pasó con nosotros alrededor de una semana y después desapareció. Hoy ha vuelto para un control rutinario... espontáneamente. No la había vuelto a ver, y hoy entre el bullicio de la zona de espera, allá estaba la mamá con Sonya entre los brazos. Ha cogido peso, podemos volver a afirmar que la lactancia materna es efectiva, y está sin fiebre y sin ninguna señal que haga pensar que pudiera estar enferma. La mamá estaba aseada y con un bonito vestido. Que gran alegría. Una de las que tenemos en el día y a las que fuertemente me agarro para poder seguir trabajando.


El mío padre intentó enseñarme a jugar ajedrez, y jamás tuve paciencia para aprender en condiciones. Aún así descubrí que acá juegan mucho a las damas. La propuesta de hoy, enseñar a algún niño a entender el movimiento de la guerra en el tablero. Imaginaros la escena. Un niño que apenas habla francés, yo que lo hablo pésimamente. El alfil sólo se mueve en diagonal, pero el caballo salta... bueno, al final hemos echado 4 partidas. Y parece que ha comprendido que el objetivo es comer el rey del rival. Como no sé decir rey en francés, le he puesto el nombre del presidente del país. Y parece efectivo, Kolia Kabila (hay que comer a Kabila). Peón para allá, torre para acá. A todo esto hay que sumarle que hemos tenido que fabricar la figuras sobre unas chapas de litrona Primus... la que bebemos aquí. Teníamos un tablero, pero la dimensiones eran demasiado grandes y hemos tenido que ajustarlo. Ha sido divertido pasar a tarde nuevamente en Casa Patrick.


Cathy come con ganas, se mueve, mira, llora si se queda con hambre. Mañana hemos propuesto comenzar con los ejercicios de fisioterapia y de estimulación sensorial, no se preocupen que me encargo de que todo ello se cumpla.
Hemos descubierto que, después de comprar las baterías nuevas para todos los vehículos, hay alguien que los ha reemplazado por otras viajas, ¿quién se iba a fijar si las baterías eran nuevas? Y ese alguien seguro que se ha sacado un buen dinero. Pero así es la vida en el Congo. Muy parecido al pícaro español del Lazarillo de Tormes. Listo como ninguno. Cuando todos intentaban aparentar lo que no son, que poseen aquello que no tienen, con la camisa llena de migas de un fu-fu (pan de mandioca) que no han comido. Y es que el hambre agudiza el ingenio... de toda la vida.

Si yo fuera presidente Nueva Campaña de ACH

miércoles, 3 de julio de 2013

Aro y palo


Lo bueno de las sonrisas es que son como una inyección de endorfinas, esa droga que nosotros mismos generamos y que muchos relacionan con el placer o la felicidad. Las sonrisas de los niños son una sobredosis de mórficos endógenos, una droga que de verdad me gusta. Da igual de donde vengan, si de Casa Patrick o de Boboto. Todos los niños tienen ese halo de inocencia que te hace volar hacia dentro, hacia lo sencillo. Cuando están malitos esa linea labial desaparece, sin embargo, cuando el tratamiento empieza a hacer efecto, súbitamente aparece, y si no estás mirando, te la puedes perder.


Dice el pediatra italiano que está por aquí que le sorprende la capacidad de recuperación de los niños de la pediatría (externos e internos). Ya os comenté que las ganas por vivir el cuerpo humano es grandísima. El cuerpo, internamente, no quiere parar el motor. Y debemos hacer lo posible para que eso no pase. Para que se cumpla el deseo interno que nos mueve para no deternernos.



La malaria es dura. Pero en España acabamos con ella, ¿qué hace falta para que eso ocurra aquí?. Un maldito mosquito (y esta vez femenino) que inocula al parásito en nuestro torrente sanguíneo para alojarlo en el hígado. Allí espera su momento adecuado y aprovecha el tiempo para reproducirse. Cuando ya hay muchos parásitos listos éstos vuelven a la circulación. Allí se aprovecha de nuestros glóbulos rojos y los destruye. Esa es la malaria. Un parásito que a la postre acaba eliminando los glóbulos rojos. Eso provoca en los niños congoleses (y no tan niños) una anemia severa que necesita de un tratamiento rápido (anemia quiere decir que se están muriendo aquellos personajes de dibujos animados que cargaban con bolitas blancas de oxígeno por las tuberías del cuerpo en La vida es así. Y si éstos mueren, no llega oxígeno a las células del cuerpo. Su principal combustible). Es la patología más frecuente, a la que todos los médicos ponen tratamiento preventivo, aunque no haya evidencia de que se esté padeciendo.


Os podría contar muchísimas cosas que ocurren a diario en la pediatría, pero las más de ellas son un poco tristes. Y sacadas fuera de contexto, es decir, sin verlo con los propios ojos, se me hace difícil que se pueda comprender. Estoy aquí, y la mayoría de las veces (o casi todas) yo no lo comprendo, con lo que me veo incapaz de transmitirlo.
Hoy ha sido gracioso. En la pediatría tenemos un tanque de gasolina para los vehículos (así ahorramos y no hay que ir hasta las gasolineras y esperar las largas colas). Pues bien, el camión cisterna que venía a repostar circulaba sin frenos. La entrada a Kimbondo es una gran cuesta (Monte Verde, ¿os acordais?), así que el vehículo de no sé cuantas toneladas ha frenado con el portón de la entrada (arrancándolo de cuajo) y con la tierra que hay en el camino. ¿lo mejor? El co-director congolés nos dice que no podemos pedirle responsabilidades a la compañía petrolífera porque nos hacen muy buen precio y encima nos traen el carburante hasta nuestra parcela.


Toda Mont Ngafula son caminos de arena de playa. La erosión de las lluvias torrenciales, que duran prácticamente 6 meses, tienen este curioso efecto. Todo el día caminamos sobre fina arena de playa. Igual de cansado, por cierto. Cuando llueve, esa arena se convierte en el mejor barro en el que puedes dejar atascado cualquier coche, hasta los 4x4. He descubierto que usan la misma palabra para el barro y para la papilla que dan a los niños pequeños, todos es poto-poto. Hoy Cathy, que volvió a la intensiva por problemas con la alimentación hace día y medio, ha dado buena cuenta del poto-poto, y creo que está vez es la buena. La dejaremos varios días en vigilancia para conseguir que aumente considerablemente el peso y pueda volver con sus compis. Hoy la he visto sonreír por primera vez. Y por primera vez la observo mientras ella mira el mundo que le rodea con curiosidad.
Es divertido ver a los niños cómo juegan con la arena. Hoy me han enseñado a manejar el aro y el palo. Un completo inútil, pero estoy haciendo algún progreso. Nunca tuve consola en casa, pero tampoco tuve aro con palo, y ahora me toca aprender. Y mientras, al ver al blanco completamente torpe con el juguete de los más pequeños, niños y mayores se desternillan. Y yo quiero más droga de esa que me dan los niños.





(En la enfermeria con Papa Edo)







lunes, 1 de julio de 2013

Sólo verlas


Lo bueno de África para mí (humildemente hablando) es que te permite conocer la esencia, lo propio del ser humano. Y lo propio del ser humano a veces no me gusta. La miseria es mala por muchos motivos, uno de ellos, que puedes llegar a vender tu integridad por culpa de ella. El Padre habla de la riqueza y el mal que hace, cómo desvirtúa al ser humano desviándolo de su esencia. Pero la pobreza, la miseria, hace exactamente lo mismo. Por eso le roban, por eso le mienten, y por eso intentan hacer lo posible por sacar del hombre blanco aquello que pueden. El no tener ni para comer, la desesperación, hacen aflorar comportamientos del ser humano que no había imaginado. Por eso cada vez creo más en la necesidad de que exista un reparto equitativo de todos los recursos. Por que los que tienen mucho, se desviarán de su naturaleza. Y los que tienen nada, venderán su alma para poder comer. Aunque puedo justificar al pobre, pero al avaro no le encuentro sentido.
Seguimos en Kimbondo 3 semanas después enfrentándonos a casi las mismas cosas. Algunos toritos, como les llama afectuosamente el Padre -refiriéndose a los niños más grandes-, están enfermos y estamos cuidando de ellos. Ema, con una grave hepatitis se queja del dolor. Sin embargo, una mano amiga, un poco de mimos y un poco de música mp3 consiguen que concilie el sueño por un rato. Me llama la atención el que niños de 11 años sigan demandando algo tan básico como un simple beso, un abrazo, o un poco de cariño... así sin más, como si tuvieran 4.

Los malnutridos, por el momento, han dejado de llegar a la pediatría. Aún así la estación seca no ha hecho más que empezar, y los documentos que leo a diario de UN no parecen muy alentadores. Mientras, seguimos con dosis a raudales de Quinina para luchar contra la salvaje malaria (recuerdo que mi abuela mi hablaba de esta droga amargaba como mil demonios, oh! Mama Nangae -oh madre mía). Pero afortunadamente tenemos un tratamiento que funciona.

Hablo con los doctores, y mirando lejos, el Dr. Kambian me desvela una de las realidades para él como científico. En el hospital puede observar bastantes de las patologías que ha estudiado en la carrera, pero a falta de medios técnicos, sólo puede hacer eso. Observarlas. No tiene tratamiento posible (a pesar de que conoce cual es) que ofrecerle al niño. Es curioso... médicos que estudian patologías que observarán pero que no podrán curar, sólo eso, verlas...



(Sala intensiva del hospital)

(Vistas de la pediatría)