lunes, 1 de julio de 2013

Sólo verlas


Lo bueno de África para mí (humildemente hablando) es que te permite conocer la esencia, lo propio del ser humano. Y lo propio del ser humano a veces no me gusta. La miseria es mala por muchos motivos, uno de ellos, que puedes llegar a vender tu integridad por culpa de ella. El Padre habla de la riqueza y el mal que hace, cómo desvirtúa al ser humano desviándolo de su esencia. Pero la pobreza, la miseria, hace exactamente lo mismo. Por eso le roban, por eso le mienten, y por eso intentan hacer lo posible por sacar del hombre blanco aquello que pueden. El no tener ni para comer, la desesperación, hacen aflorar comportamientos del ser humano que no había imaginado. Por eso cada vez creo más en la necesidad de que exista un reparto equitativo de todos los recursos. Por que los que tienen mucho, se desviarán de su naturaleza. Y los que tienen nada, venderán su alma para poder comer. Aunque puedo justificar al pobre, pero al avaro no le encuentro sentido.
Seguimos en Kimbondo 3 semanas después enfrentándonos a casi las mismas cosas. Algunos toritos, como les llama afectuosamente el Padre -refiriéndose a los niños más grandes-, están enfermos y estamos cuidando de ellos. Ema, con una grave hepatitis se queja del dolor. Sin embargo, una mano amiga, un poco de mimos y un poco de música mp3 consiguen que concilie el sueño por un rato. Me llama la atención el que niños de 11 años sigan demandando algo tan básico como un simple beso, un abrazo, o un poco de cariño... así sin más, como si tuvieran 4.

Los malnutridos, por el momento, han dejado de llegar a la pediatría. Aún así la estación seca no ha hecho más que empezar, y los documentos que leo a diario de UN no parecen muy alentadores. Mientras, seguimos con dosis a raudales de Quinina para luchar contra la salvaje malaria (recuerdo que mi abuela mi hablaba de esta droga amargaba como mil demonios, oh! Mama Nangae -oh madre mía). Pero afortunadamente tenemos un tratamiento que funciona.

Hablo con los doctores, y mirando lejos, el Dr. Kambian me desvela una de las realidades para él como científico. En el hospital puede observar bastantes de las patologías que ha estudiado en la carrera, pero a falta de medios técnicos, sólo puede hacer eso. Observarlas. No tiene tratamiento posible (a pesar de que conoce cual es) que ofrecerle al niño. Es curioso... médicos que estudian patologías que observarán pero que no podrán curar, sólo eso, verlas...



(Sala intensiva del hospital)

(Vistas de la pediatría)





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