lunes, 10 de junio de 2013

Desde la mosquitera 2.0


Escojo el mp3 para que suene aleatoriamente. Mientras suena I wonder soy más consciente de que comienza el viaje a África, y soy consciente de aquello que leí en algún libro, de que, tal vez no sea África el mejor sitio para el turismo moderno, pero sí para recuperar la magia de la existencia humana. Y esto es una carga de viaje que se me hace muy agradable.
Las expectativas, como siempre son muchas, pero lo mejor es dejar los pensamientos a un lado y procurar que sea la propia esencia, la propia sonrisa de los niños los que nos lleven lejos.

Para aquellos que no conozcan haremos un pequeño plano de la pediatría y de la estructura de la Fundación pediátrica.
Por un lado tenemos la atención sanitaria: realizada a través de unas cuantas instalaciones: pabellón de cirugía menor, Rayos X y laboratorio (es curioso observar el libro de análisis... al día hacen más de 100 test de gota gruesa para malaria...), sala para el dentista (que viaja cada cierto tiempo desde Italia). Otro pabellón es para aquellos pacientes adultos, y sin recursos, enfermos de VIH u otras patologías como tuberculosis, hepatitis... Son los únicos adultos que encontramos por allí. En ese mismo pabellón encontramos la zona de hospitalización general para niños, con especial enfoque cardiológico (se ven algunos doctores voluntarios y sin vacaciones que merodean por la sala ajustando los tratamientos) y el pabellón de consultas y la sala intensiva. Éste queda cerca de la entrada, por lo que se mezclan pacientes externos, que van colgando de la espalda de sus madres buscando algún tipo de atención médica, con los propios habitantes huérfanos de Kimbondo..
También tenemos la farmacia (y almacén de suministros sanitarios), tenemos el maravilloso centro transfusional (del que todos estamos tan orgullosos), los cimientos de lo que será el quirófano, cocinas, lavanderías y capilla.

La otra pata de esta fundación, de este cuidado integral del niño sin recursos... el orfanato. Divido en varios pabellones según la edad, y con uno especial para los menos capacitados (o que requieren mayor atención). Encontramos hacia el final la joya de los voluntarios, el pabellón de neonatología... maravilloso mundo de niños.

Circundando la pediatría tenemos las escuelas Padre Claret Kinshasa, para todos los niños de la pediatria, pero también para los del barrio. Que no es más que el extrarradio de la gran capital. En concreto se llama Mont Ngafula, o monte verde. Y desde aquí os escribimos. Pero las historia están aún por contar... espero que las queráis leer. Pero ahora, sshhhh... todos duermen. 

Pd: muchísimas gracias a todos por vuestro apoyo, ha sido una pasada. Lo malo, me compromete a contaros muchas cosas... espero estar a la altura.  

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